La Plaça Laffer

En economía se dice que el dinero es miedoso. Esto es, el propietario del capital tiende a protegerlo y evitar una exposición excesiva al riesgo. Un inversor, ante dos alternativas con similar esperanza de ganancia, invertirá siempre en aquella en la que menor riesgo perciba. Creo que la mayoría de nosotros obrariamos de igual manera en estas circunstancias.

En un entorno económico global, ofrecer al inversor una alternativa con buenas comunicaciones, estabilidad, seguridad y bajo riesgo es una gran manera de atraer capital. Con el capital, se incrementa la demanda de materia prima, por lo que se crean puestos de empleo directos e indirectos. Con esta creación de riqueza, no solo baja el paro con lo cual la presión para el Estado es menor, sino que se recauda más por la vía de las rentas del trabajo y del aumento del consumo (IVA). Por tanto, para entrar en esta espiral positiva es necesario ofrecer estabilidad a los inversores. Y máxime tras un periodo de 5 años de poca movilidad de capital, esto es, quizás puede ser ahora cuando se empiece a mover el dinero con cierto ritmo.

Tras esta introducción, me gustaría comentar que el proceso soberanista catalán, tan respetable por otra parte, esta añadiendo una dosis de riesgo elevada o cuanto menos incertidumbre con respecto a otras alternativas dentro de la UE. Y esta generación de incertidumbre puede provocar por una parte, una fuga de capitales y por otra, que los inversores se decanten por opciones más seguras. El miedo o riesgo a la salida de la UE, en el caso de un éxito en el proceso soberanista, puede ser un lastre muy gordo para una economía maltrecha. Si es verdad que el tren acelera y el proceso tira para adelante, quizás lo perdamos por muchos años.

El hecho de abandonar la Unión Europea sin ningún tipo de acuerdo provoca un escenario nada propicio para el inversor. La posibilidad de la existencia de aranceles, el posible encarecimiento o escasez de materias primas, la fuga de capital humano, las posibles subidas de impuestos derivadas de los descensos en los ingresos… Hay que ser realista, ¿quién apostaría un euro a este caballo?

He visto alguna comparación entre Catalunya y Suiza. Pues bien, según he investigado, poco o nada que ver. Suiza tiene 10 acuerdos marcos con la UE que la colocan en una posición privilegiada económica y geográficamente. Incluso Marruecos partiría en una posición de ventaja, con acuerdos bilaterales con la UE.

Por poner un ejemplo, la factoría de SEAT en Martorell exporta fuera de España un 70% de la producción. Es la principal empresa exportadora en Catalunya. Si el 30% de la producción nacional se divide a partes iguales entre las comunidades autónomas, quiere decir que en el hipotético caso de una Catalunya independiente, exportaría fuera de la misma un 95% de su producción. Y fuera de la UE (con la presencia de aranceles) ¿cuánto tiempo mantendría el grupo Volkswagen la inversión?

Ante un posible escenario de fuga de capitales, para mantener el sistema del bienestar solo queda una opción, subir los impuestos. La carga impositiva sobre el contribuyente se debería aumentar, provocando una espiral contraria a la descrita en el primer párrafo.Aquí es cuando aparece el amigo Laffer, que a principios de los 80 formuló su famosa curva. Básicamente, La curva de Laffer muestra que el incremento de los tipos impositivos no siempre conlleva un aumento de la recaudación fiscal. La característica más importante de esta curva reside en que indica que cuando el tipo impositivo es suficiente alto (t* en la gráfica adjunta), si se sube aún más, los ingresos recaudados pueden terminar disminuyendo. La disminución de la oferta del bien reduce hasta tal punto los ingresos fiscales que la subida del tipo impositivo no compensa la disminución de la oferta.

Hay que ser muy cautos antes de realizar ciertas acciones, y el sector independentista catalán, seguramente movido con una gran intención, la mejor de ellas, el corazón, puede acabar provocando un desastre económico para Catalunya, España y quizás Europa. Personalmente creo que es mejor iniciar este tipo de procesos en fases de estabilidad (quizás haberlo iniciado de aquí a 3 años hubiera sido óptimo) pero el afán de protagonismo de unos, el odio de otros y la incultura económica de todos puede provocar algo de lo que no me gustaría formar parte.

Es solo una predicción en base a algún comentario que he visto y leído por internet, ya que me gusta formarme e informarme. Si alguien me lo quiere rebatir, encantado. Ya habrán convencido a un escéptico. Lástima que no sea inversor.

Esperemos que Plaça Espanya no acabe denominándose Plaça Laffer. Después de todo, el nombre tiene fuerza.

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  1. Derwick

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