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El giro copernicano nacionalista

Según Wikipedia:

La Revolución de Copérnico es el nombre con el que suele conocerse a la revolución científica que se produce en Europa Occidental, representada en la astronomía por el paso del tradicional sistema ptolemaico geocéntrico (herencia clásica adaptada y conservada por el pensamiento cristiano medieval) al innovador sistema copernicano heliocéntrico, iniciada en el siglo XVI por Nicolás Copérnico (cuya obra De revolutionibus, no alude al tradicional concepto de revolución, sino al de ciclo o trayectoria circular de los cuerpos celestes) y culminada en el siglo XVII por Isaac Newton. En gran parte como consecuencia de esta revolución, el panorama intelectual de finales del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII se considera la crisis de la conciencia europea y abrirá el siglo XVIII como siglo de las luces o de la Ilustración.

La expresión revolución copernicana o giro copernicano ha pasado a ser popularmente sinónimo de cambio radical en cualquier ámbito.

Según mi punto de vista, el enfoque nacionalista catalán está planteado de manera equivocada. Se ha pedido de inicio algo más grande de lo que se puede abrazar, y por tanto, no se ha construido una base sólida para apoyar los cimientos del edificio. Y cuando algo no se sustenta sobre una base sólida, se cae por su propio peso. Es lo que pasará con el planteamiento actual propuesto por la cúpula dirigente catalana, se ha definido la meta sin definir el camino. No hay una hoja de ruta más allá del sentimiento de un pueblo, que si bien es un buen punto de partida (el mejor, ya que la gente actúa por sí misma), no es suficiente razón de peso para garantizar un éxito en la misión.

El PIB de Catalunya es el más grande de España. Esto tiene un mérito enorme, teniendo en cuenta que Barcelona no es la capital de España, y las cosas siempre son más fáciles en la capital. Ha logrado esto con un déficit en la balanza fiscal reconocido. Más mérito aún.

PIB CCAA: Comparativa PIB anual:
CCAA PIB Mill. € Crecimiento PIB Anual Fecha
Andalucía [+] 138.301 M.€ -1,5% 2013
Aragón [+] 32.258 M.€ -1,2% 2013
Asturias [+] 21.421 M.€ -2,1% 2013
Canarias [+] 40.299 M.€ -0,4% 2013
Cantabria [+] 12.385 M.€ -1,9% 2013
Castilla La Mancha [+] 35.989 M.€ -1,1% 2013
Castilla y León [+] 53.479 M.€ -2,1% 2013
Cataluña [+] 192.545 M.€ -0,8% 2013
Ceuta [+] 1.454 M.€ -1,1% 2013
Comunidad Valenciana [+] 97.333 M.€ -0,8% 2013
Extremadura [+] 16.200 M.€ -1,4% 2013
Galicia [+] 55.204 M.€ -1,0% 2013
Islas Baleares [+] 26.061 M.€ -0,4% 2013
La Rioja [+] 7.765 M.€ -1,8% 2013
Madrid [+] 183.292 M.€ -1,2% 2013
Murcia [+] 26.350 M.€ -1,7% 2013
Navarra [+] 17.557 M.€ -1,5% 2013
País Vasco [+] 62.780 M.€ -1,9% 2013

Dicho esto, si extendemos el análisis al PIB per cápita, veremos que Catalunya tiene el 4º valor de PIB más alto de España. Curiosamente por detrás de País Vasco, Madrid y Navarra. El primero y tercero tienen un régimen fiscal foral, por lo disfrutan de lo que se conoce como Concierto Económico, y podrían explicar esa ventaja competitiva clara. El segundo, la Comunidad de Madrid, tiene la ventaja competitiva de ser la Capital de España, albergar los Ministerios, y ser la Capital de un Estado centralista desde su concepción.

Andalucía [+] 16.666€
Aragón [+] 24.732€
Canarias [+] 18.873€
Cantabria [+] 21.550€
Castilla La Mancha [+] 17.780€
Castilla y León [+] 21.879€
Cataluña [+] 26.666€
Comunidad Valenciana [+] 19.502€
Extremadura [+] 15.026€
Galicia [+] 20.399€
Islas Baleares [+] 23.446€
La Rioja [+] 25.277€
Madrid [+] 28.915€
Navarra [+] 28.358€
País Vasco [+] 29.959€

En añadido, las Provincias de Lleida, Tarragona y Girona hacen una compensación sobre Barcelona, que no tiene la Comunidad de Madrid.

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Dicho esto, creo que Catalunya se ha ganado el derecho a liderar España. Desde aquí lanzo una propuesta de lo que para mí debería ser la propuesta del nacionalismo catalán, ganada a pulso a lo largo de los años, y mucho más sensata que crear un país nuevo de la nada con la que está cayendo ahí afuera, sin acuerdos, sin leyes, a merced de los vientos. Construir un país no es cosa de 1 mes, o de 1 año.

Barcelona debería albergar la co-capitalidad de España. Esto es, darle a Barcelona, Catalunya, las llaves del coche para que conduzca. Muchas veces uno nunca entiende a un jefe hasta que es jefe, o a un padre hasta que tiene hijos. Dirigiendo España, Catalunya, Barcelona, podría entender mejor a España y España a Catalunya. Lo lógico sería aplicar un modelo fiscal análogo al foral comentado anteriormente, pero creo que lo mejor para todos sería que Barcelona conduzca España por un tiempo.

¿Que hay que reformar la Constitución? Pues se reforma. Yo no la he votado, y como yo, la mayor parte del grueso electoral actual. La mentalidad liberal y más Europea de los catalanes iría muy bien a España. Una España descentralizada le iría muy bien a España. Y al resto de Europa.

Redistribuir los Ministerios, cambiar el planteamiento centralista actual de España, permitir que Catalunya salga a escena, sería como aplicar un turbo a la economía catalana (por el incremento de la confianza y la eliminación de la incertidumbre actual) y para la española, por el mismo efecto aplicado a gran escala, y por el hecho de reducir la dependencia de liderazgo de una región concreta.

Unir, sumar, remar juntos es bueno para todos. Sentirse querido y apreciado también. Reconocer méritos y logros. Ceder. Traspasar confianza. Delegar. Creo que Catalunya se ha ganado este derecho. Y Madrid tiene que aprender a delegar, como cualquier jefe que superado por la situación.

Quizás sea un plantemiento un poco alocado, irreal. Siempre habrá un pero, siempre habrá dudas. Pero, ¿quién leches quiere avanzar con un motor pudiendo acelerar con dos? ¿No hacen acaso los aviones con más de un motor por si uno falla? Desde mi punto de vista, llevamos años volando con un motor apagado y otro fallando. Y el destino final ha sido, es y será el peor que podamos imaginar. Encendamos los dos motores y volemos, sin miedo, hacia un futuro mejor.

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Deflación. El fantasma que viene

Los indicadores económicos indican que nos acercamos a un periodo de deflación. Esto es, de bajada de precios. A priori puede parecer algo bueno, pero no hay que dejarse llevar por el simplismo. Deflación, en términos económicos, es sinónimo de crisis, y dura. Hay dudas sobre si calificar como estanflación o deflación el periodo en el que vamos a entrar, pero en cualquier caso, no es sinónimo de algo bueno.

No hay que olvidar que si bajan los precios, bajarán los salarios ya que es el precio del trabajo. Y si bajan los precios, aquellas empresas que produzcan productos de bajo valor podrían verse obligadas a dejar de producirlos.

La baja de los precios posterga en efecto el consumo de los ciudadanos (“¿Por qué comprar ahora una casa o un coche si serán más baratos dentro de seis meses?”) y se traduce en un descenso de los salarios, como comentaba, y, por tanto, una pérdida de poder adquisitivo.

A su vez, estos factores aceleran una contracción del consumo, lo que genera una nueva caída de los precios, en un círculo vicioso.
Entonces, las empresas –cuyos beneficios disminuyen o desaparecen– renuncian a invertir, alimentando también la infernal espiral

Está aceptado que la deflación es una de las “bestias negras” de los gobiernos, pues es un fenómeno difícil de combatir. Esto es así ya que tiene consecuencias catastróficas para las empresas o las familias endeudadas, ya que sus capacidades de devolución disminuyen mientras el importe de la deuda permanece intacto.

Y, por su parte, el sistema bancario, ante esos créditos irrecuperables, corre el riesgo de derrumbarse. Nuevamente.

Es famoso el ejemplo de Japón, que tras un gran periodo de deflación ahora empieza a ver la luz. Desde principios de los años 90, los precios han ido cayendo de manera más o menos sostenida. Y con ello, la calidad de vida y el tejido productivo del país nipón. La suerte para la zona euro es que tiene un espejo en el que mirarse para evitar esta circunstancia.

Ante este panorama, nada esperanzador, no queda más que esperar un cambio en las políticas económicas o monetarias que permita, así mismo, un cambio de rumbo. Todo está escrito. Todo.

Cuando en la próxima tertulia de cafetería o bar salga el tema de la deflación pensad que no es bueno que los precios bajen ya que el salario bajará. La deflación es el fantasma que viene, y hay que estar preparados.

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La Plaça Laffer

En economía se dice que el dinero es miedoso. Esto es, el propietario del capital tiende a protegerlo y evitar una exposición excesiva al riesgo. Un inversor, ante dos alternativas con similar esperanza de ganancia, invertirá siempre en aquella en la que menor riesgo perciba. Creo que la mayoría de nosotros obrariamos de igual manera en estas circunstancias.

En un entorno económico global, ofrecer al inversor una alternativa con buenas comunicaciones, estabilidad, seguridad y bajo riesgo es una gran manera de atraer capital. Con el capital, se incrementa la demanda de materia prima, por lo que se crean puestos de empleo directos e indirectos. Con esta creación de riqueza, no solo baja el paro con lo cual la presión para el Estado es menor, sino que se recauda más por la vía de las rentas del trabajo y del aumento del consumo (IVA). Por tanto, para entrar en esta espiral positiva es necesario ofrecer estabilidad a los inversores. Y máxime tras un periodo de 5 años de poca movilidad de capital, esto es, quizás puede ser ahora cuando se empiece a mover el dinero con cierto ritmo.

Tras esta introducción, me gustaría comentar que el proceso soberanista catalán, tan respetable por otra parte, esta añadiendo una dosis de riesgo elevada o cuanto menos incertidumbre con respecto a otras alternativas dentro de la UE. Y esta generación de incertidumbre puede provocar por una parte, una fuga de capitales y por otra, que los inversores se decanten por opciones más seguras. El miedo o riesgo a la salida de la UE, en el caso de un éxito en el proceso soberanista, puede ser un lastre muy gordo para una economía maltrecha. Si es verdad que el tren acelera y el proceso tira para adelante, quizás lo perdamos por muchos años.

El hecho de abandonar la Unión Europea sin ningún tipo de acuerdo provoca un escenario nada propicio para el inversor. La posibilidad de la existencia de aranceles, el posible encarecimiento o escasez de materias primas, la fuga de capital humano, las posibles subidas de impuestos derivadas de los descensos en los ingresos… Hay que ser realista, ¿quién apostaría un euro a este caballo?

He visto alguna comparación entre Catalunya y Suiza. Pues bien, según he investigado, poco o nada que ver. Suiza tiene 10 acuerdos marcos con la UE que la colocan en una posición privilegiada económica y geográficamente. Incluso Marruecos partiría en una posición de ventaja, con acuerdos bilaterales con la UE.

Por poner un ejemplo, la factoría de SEAT en Martorell exporta fuera de España un 70% de la producción. Es la principal empresa exportadora en Catalunya. Si el 30% de la producción nacional se divide a partes iguales entre las comunidades autónomas, quiere decir que en el hipotético caso de una Catalunya independiente, exportaría fuera de la misma un 95% de su producción. Y fuera de la UE (con la presencia de aranceles) ¿cuánto tiempo mantendría el grupo Volkswagen la inversión?

Ante un posible escenario de fuga de capitales, para mantener el sistema del bienestar solo queda una opción, subir los impuestos. La carga impositiva sobre el contribuyente se debería aumentar, provocando una espiral contraria a la descrita en el primer párrafo.Aquí es cuando aparece el amigo Laffer, que a principios de los 80 formuló su famosa curva. Básicamente, La curva de Laffer muestra que el incremento de los tipos impositivos no siempre conlleva un aumento de la recaudación fiscal. La característica más importante de esta curva reside en que indica que cuando el tipo impositivo es suficiente alto (t* en la gráfica adjunta), si se sube aún más, los ingresos recaudados pueden terminar disminuyendo. La disminución de la oferta del bien reduce hasta tal punto los ingresos fiscales que la subida del tipo impositivo no compensa la disminución de la oferta.

Hay que ser muy cautos antes de realizar ciertas acciones, y el sector independentista catalán, seguramente movido con una gran intención, la mejor de ellas, el corazón, puede acabar provocando un desastre económico para Catalunya, España y quizás Europa. Personalmente creo que es mejor iniciar este tipo de procesos en fases de estabilidad (quizás haberlo iniciado de aquí a 3 años hubiera sido óptimo) pero el afán de protagonismo de unos, el odio de otros y la incultura económica de todos puede provocar algo de lo que no me gustaría formar parte.

Es solo una predicción en base a algún comentario que he visto y leído por internet, ya que me gusta formarme e informarme. Si alguien me lo quiere rebatir, encantado. Ya habrán convencido a un escéptico. Lástima que no sea inversor.

Esperemos que Plaça Espanya no acabe denominándose Plaça Laffer. Después de todo, el nombre tiene fuerza.

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El Lastre de la Administración Pública y el reto de la competitividad

Hubo unos años en que en España se crecía impulsado por el Sector Público. Motor de la economía, ejecutor de grandes obras infraestructurales, auspiciaba y daba trabajo a un gran número de profesionales en una época de viento a favor.

Cuando el viento cesó, cesó con él la actividad pública bajo el yugo de las normas europeas de contención de gasto público. En una situación de semi-rescate, el motor se apagó y con él el impulso económico. Múltiples empresas que directa e indirectamente rendían servicio al Gobierno debieron cerrar o readaptar sus objetivos a nuevos mercados, generalmente en el sector privado, en una situación muy alejada a lo que se podría denominar motor de una economía.

Pero cuando el padre muere, alguien debe tomar las riendas. Ese alguien es el sector privado que tras años de lucha intenta liderar a la Economía española ante los retos que se presentan.

 

El principal reto es reducir la sobredimensión de la Administración Pública. Como ya he comentado en alguna entrada, el actual sistema público impide el crecimiento de la economía ya que gran parte de los ingresos de la Administración van destinados a pagar una serie de sueldos de dudosa rentabilidad. Duplicidad de administraciones y cargos, cierta desconfianza en los métodos de evaluación del rendimiento de empleados públicos, etc. hacen que exista aún cierto recelo en las posibilidades de recuperación de nuestra economía.

Las medidas necesarias no se tomarán hasta, como mínimo, pasadas las próximas elecciones generales. El actual sistema, a 4 años vista, es lo que tiene. No facilita la adopción de ciertas medidas impopulares que llenan las calles de gente protestando por sus derechos.

En un entorno internacional competitivo al máximo, la economía española no puede andar con un lastre en los tobillos. Debe librarse de él cuanto antes mejor. Si bien crecer con un lastre puede ser positivo, especialmente cuando te libras de él. Corres más rápido y mejor.

El sector privado, según un estudio publicado hoy por Arcano, ha mejorado su competitividad aproximadamente un 8% en un periodo de tiempo en el que sus competidores la han aumentado entre un 5 y un 10%. Esta gran mejora de la competitividad en términos reales, por la vía de la reducción de salarios en muchos casos (nuevamente el sector privado y las familias asumen el peso de la recuperación), implica que podemos vender mejor y más barato mientras otros venden más caro.

Ello podría explicar que, por ejemplo, Bill Gates pase a ser el segundo principal accionista de FCC, o que la bolsa siga marcando máximos desde que frenó la caída.

El mencionado estudio revela un panorama futuro interesante a nivel de competitividad exterior. Es el fruto de la semilla que el sector privado ha plantado. Ese fruto da de comer también al sector público. Creo que éste debería ir pensando en ponerse a dieta, no sea que nos mate de hambre a todos.

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Henry Ford. Un genio vigente.

Henry Ford siempre me ha parecido un genio y visionario. En una época en la que los coches eran exclusivos de las clases altas, de la casta, se decidió a crear un coche que pudieran comprar sus empleados:

“Quiero producir coches que mis trabajadores puedan comprar”.

Detrás de esto se esconde el hecho de que había un gran nicho de mercado por cubrir. Pero para que esa parte de la población pudiera comprar sus coches, tenía que tener dinero. Trabajo. Había que dotar a la base poblacional, poco menos que recién salida del esclavismo y la revolución industrial, de un sueldo para que pudiera comprar sus coches.

¿Qué pasa cuando no hay trabajo, no hay sueldo? Pues que no podré vender los coches. En los últimos años hemos podido observar como la economía moderna capitalista poco menos que colapsaba. Los mercados, los mismos desde que el capitalismo es capitalismo, maduraban y colapsaban. La economía, lejos de buscar una sostenibilidad, exprimía los medios naturales hasta agotarlos. La energía, el petroleo, el ozono, el agua. Todo valía.

Pero había un problema. En un mercado colapsado, había que crear nuevos mercados. Para Europa, América del Norte, Japón y Oceanía el modelo estaba agotado. Incorporar nuevos mercados en la ruleta abría nuevas opciones de juego. Por tanto, se debía potenciar la creación de nuevos mercados, pero siempre bajo el yugo capitalista. Las principales opciones, los mercados comunistas (China, Rusia), América Central y del Sud y Asia. El tema africano es más complejo, pero todo llegará.

Si hay que acabar con el comunismo, se acaba (U.R.S.S.). Si no se puede acabar con él, se capitaliza (China). La jugada China es un claro ejemplo del Fordismo. Aprovechando la excusa de la deslocalización, de la búsqueda del beneficio, la religión del Bottom Line, del “vale tudo” económico, las empresas occidentales externalizaron aquellos procesos no “core” o centrales a aquellas regiones que proporcionaban mano de obra barata. Se les da un salario poco  justo y se obtiene un producto de baja calidad pero a un precio competitivo. Producto de temporada.

De esta manera, se dota a estas regiones de la capacidad de crear un tejido productivo mediante una inversión relativamente baja. Un tejido productivo, pero, no intensivamente tecnológico. Esto es, sigo teniendo el control del capital y mantengo una ventaja competitiva sobre estos países (tigres asiáticos, China, Rusia, Brasil, etc.)

Esta capacidad de estos países de producir a bajo coste, aún a perjucio de la calidad, ha supuesto en el mundo occidental la pérdida de numerosos puestos de trabajo. La crisis de los últimos años y la tasa de paro de algún país occidental no muy lejano a nosotros así lo atestiguan. Los países que más han sufrido este tema son los que tenían estructuras productivas poco intensivas tecnológicamente, ya que no han podido competir en precios contra estos mercados emergentes.

La jugada maestra, el presente y futuro, está en lo comentado por Henry Ford. Esta revolución industrial acelerada en estos mercados emergentes ha provocado, y cada vez más provocará, un estrato poblacional con capacidad adquisitiva para los productos occidentales, hasta cierto punto más intensivos en tecnología. Bmw, Siemens, Apple, Microsoft, etc. podrán empezar a recoger lo que han sembrado. Con esta jugada, esas inversiones deslocalizadas, han creado mercados con un potencial enorme. Pocas son las empresas grandes que no incluyan Asia, por ejemplo, dentro de sus principales mercados a corto y medio plazo.

La clave para occidente es aprovechar estos mercados y mantener la ventaja competitiva sobre ellos. Esto proporcionará oportunidades de negocio que crearán puestos de trabajo, de tal manera que las tasas de paro actuales simplemente serán un peaje para llegar al destino final, excelentemente planeado por las clases dirigentes.

Eso si, el que no haga bien la faena y se adapte a este entorno cambiante, perderá el tren y se quedará en una estación sin retorno. No podrá competir en costes con los mercados emergentes ni podrá repartirse el pastel que se está cocinando. En este juego de las sillas no hay plazas para todos.

El modelo económico creo que aún no está agotado. De todas formas, hagamos caso a Henry Ford. Un reparto más equitativo de la riqueza ocasionaría un mercado más potente ya que habría más gente con acceso a los bienes que se producen. La avaricia de algunos puede hacer que acumulen tanta riqueza que no tengan a quién vender sus productos. Esperemos que la economía se racionalice, porque de nada servirá ser muy rico si no podrás disfrutar de ello. A más gente con poder adquisitivo, más oportunidades de venta de productos y menos descontento general. Al final de todo, es lo que quiere la casta dirigente, seguir dirigiendo. Pues que se apliquen el modelo Ford también internamente. Quizás detrás de la entrada de capital en España haya algo de esto. Un 30% de la población sin trabajo, pensando, es peligroso.

Señor Ford, que razón tenía. “El verdadero progreso es el que pone la tecnología al alcance de todos”

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La cuadratura del círculo. Economía para entenderla. La crisis.

Estos días se recoge en los medios de comunicación con mucho énfasis que la bolsa sube. Se recupera la confianza en el mercado español. Esto es fruto de un proceso lógico de los mercados, cuando se realizan determinadas actuaciones.

Haciendo un análisis tan simple que casi parece absurdo, la crisis provocó una gran desconfianza en los mercados españoles, provocando una fuga de capitales y desinversión que derivó en una caída del empleo provocando aumento del paro y un incremento en la prima de riesgo que hacía que el acceso a la financiación por parte de las AAPP se encareciera. Salía más caro afrontar el día a día para el Estado y, por si fuera poco, había que pagar más. El peor escenario estaba sobre la mesa.

Esta espiral destructiva se llevó por delante muchos puestos de trabajo, a muchas empresas y muchos privilegios laborables. El coste para la sociedad fue y es duro. Más horas trabajadas por igual o menor salario, todo en aras de la mejora de la competitividad. Eso quien tenía trabajo… El resto, a cobrar subsidios de desempleo y sus respectivas prórrogas. Porque de nuevo empleo, nada de nada.

Como decía, hubo una mejora de la competitividad ya que las empresas tenían que afrontar una caída de la demanda interna, por lo que había que competir, dentro y fuera, contra productos manufacturados en pa

íses con costes laborales más bajos. Y por desgracia, con similar calidad percibida por el consumidor final. En Italia, por ejemplo, o Alemania, más de la mitad de los coches que encuentras por la calle son del país. Aquí ocurre lo mismo. Más de la mitad de los coches son alemanes e italianos…

Además, la marca España no tenía el tirón comercial que otras, y en un país con un fuerte peso de los servicios, sin empresas a las que prestarlos, el escenario era poco menos que apocalíptico. Cierran empresas, aumenta el paro, aumenta la presión para las arcas públicas, aumenta el coste para poder mantenerlas operativas (véase los problemas de la administración Obama con el techo de deuda). El pez que se muerde la cola.

No pain no gain, que dijo el Dr. House. Después de años de sufrimiento, de falsos brotes verdes, de adelgazamiento de administraciones, de maquillajes contables, de persecución de fraudes, etc., los mercados parece que empiezan a confiar en España.

Esto es porque hay mucho paro. Mucha demanda de trabajo, y poca oferta. Luego baja el coste laboral ya que siempre hay gente dispuesta a hacer lo que haces por menos dinero.

Esto implica un aumento de la competitividad. Producimos lo mismo pero con un menor coste. Hay más factores que explican la mejora competitiva (tipo de cambio, obtención de materias primas, mejora en la eficiencia de los medios de transporte, etc.) pero es un análisis simple como comentaba al inicio.

Aumenta la competitividad, además, de empresas ya que o bien han superado una dura crisis (son empresas fuertes, según la Ley de la Selva, ya que se han comido a las débiles) o bien son empresas de nuevo cuño adaptadas a la situación actual, que no es otra que compensar la caída de la demanda interior acudiendo a los mercados extranjeros, vendiendo fuera. Exporto más para sobrevivir, ya que soy más competitivo y puedo. Y hay más mercado fuera que dentro, más expectativa de beneficio.

Por tanto mejora la balanza comercial. Ingreso más por exportaciones, y como la demanda interna sigue comprimida, importo menos. Tengo mejores números, por lo que empiezo a atraer inversores.

Como empiezo a vender fuera, necesito más materias primas, genero puestos de trabajo secundarios, vuelvo a tener gente con poder adquisitivo. Alimento discretamente el mercado interior. Accedo al crédito y potencio el mercado financiero.

Por tanto, el inversor extranjero vuelve a mirar a España, atraído por todo lo expuesto. El país ofrece costes salariales moderadamente bajos con capital humano moderadamente formado, pero formado, y dentro del mercado común europeo. Se desencadena un atisbo de rally alcista en los mercados de valores que sirve como reclamo para atraer nuevos inversores. El modelo español como modelo. Paradojas de la vida.

Por tanto, aumenta el PIB. Fin de la recesión. Se crece. E impulsado por el sector privado, como ha de ser. Pero ojo, puede ser el inicio de una burbuja si ese crecimiento no se realiza de manera sólida.

Si se aumentan los salarios más que los precios caerá la competitividad. Por tanto, será más difícil vender fuera, lo que se compensará, hasta que se ajuste el mercado, con un aumento de la demanda interna que aumentará las importaciones. Por tanto, caerá la balanza comercial. Las empresas que se hayan creado para nutrir los mercados interiores, sin proyección exterior, irán cayendo ante la falta de mercado, lo que hará aumentar el paro. Caerá la confianza de los inversores. Se retiraran capitales. Se cerrarán más empresas. Bajará el PIB.

Caminamos sobre un fino alambre, por lo que es fácil pisar en falso. Y somos muy dados a ello.

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La Vía Catalana

Es 11 de septiembre. En la mayoría del mundo, un miércoles más, un día laborable. En Catalunya no. Se celebra la Diada, Con ello se conmemora la caída de Barcelona en manos de las tropas borbónicas al mando del duque de Berwick durante la Guerra de Sucesión Española el 11 de septiembre de 1714, tras catorce meses de sitio. Así, también se recuerda la consiguiente abolición de las instituciones catalanas tras la promulgación de los Decretos de Nueva Planta, en 1716.

Con motivo de esta celebración, L’Assamblea Nacional Catalana ha organizado una cadena humana, la Vía Catalana.

Los organizadores quieren formar una cadena humana que pretende recorrer Cataluña, de norte a sur y principalmente por el litoral, en un trayecto de 400 kilómetros que discurrirá por más de 80 municipios, siguiendo la antigua vía Augusta romana. La cadena unirá El Pertús, una pequeña localidad francesa situada en los Pirineos Orientales -región de Languedoc-Rosellón-, con Alcanar, en el límite de Tarragona con Castellón. La cadena afectará a algunas importantes arterias, como la AP-7, la A-2, la N-340 o la N-2, entre las 13.00 y, al menos, las 18.00 horas.

Artur Mas, que en un discutible ejercicio de marketing mediático ha comparado la Vía Catalana con el movimiento liderado por Martin Luther King, no participará directamente en la cadena.

Una vez expuestos los hechos, me gustaría expresar mi opinión, mezcla de sentimientos y pragmatismo.

Respeto y comparto gran parte de las reivindicaciones expuestas durante la Diada, pero no voy a acudir a la Vía Catalana. La explicación es que, entre la lista de prioridades por las que me podría manifestar, este motivo no aparece en ella. Llevamos un mes con la Vía Catalana en las noticias, con publicidad gratuita y financiada veladamente. Hoy tenemos día especial de la Vía Catalana en los medios de comunicación, y estaremos un mes hablando de la Vía Catalana. Tiempo total invertido, dos meses. Tiempo total perdido, dos meses.

Dos meses perdidos en la lucha contra las desigualdades sociales, los problemas económicos, el déficit público, el paro, sea juvenil o no, los problemas estructurales, la educación, la financiación, los recortes, la sanidad, etc. Una cortina de humo excelente del Gobierno de la Generalitat, al estilo Mundiales de Fútbol, Olimpiadas varias u otros entretenimientos Telecinquianos. Sin entrar a hablar del coste asociado a la organización, como por ejemplo despliegue de fuerzas del orden.

En economía, el coste de oportunidad o coste alternativo designa el coste de la inversión de los recursos disponibles, en una oportunidad económica, a costa de la mejor inversión alternativa disponible, o también el valor de la mejor opción no realizada. Pues bien, organizar un evento de este tipo tiene un coste de oportunidad. Y la sociedad catalana no puede ir perdiendo meses, tiempo, dinero en una Vía que, quizás, e indiscutiblemente está por ver, pese a tener un claro camino marcado, no tenga un destino final.

El discurso de Artur Mas ofende a los sentidos, en especial al común. Me parece todo un excelente ejercicio de marketing, por decirlo llanamente, para desviar la atención. Los políticos huelen la sangre, las oportunidades de mantenerse en el poder, de seguir viviendo de la administración pública, de hacerse incluso leyenda y líderes del cambio, de aparecer perpetuamente en los libros de historia y además, cobrando. Este caramelo no lo desprecia ningún político, y lógicamente los catalanes, de uno y otro bando, tampoco. Coges un sentimiento, lo promueves y publicitas, creas una necesidad y vives de ello. Suena genial si no tuviera un coste de oportunidad.

¿Por qué no cortan los parados catalanes la AP7 de norte a sur cada domingo para reclamar un puesto de trabajo? ¿Por qué no se coge el pueblo catalán la mano desde Girona a Tarragona por una mejor educación, por eliminar los recortes en sanidad, o por una gestión política sin corrupción? Pues porque los políticos, las televisiones, los periódicos, las emisoras de radio, no lo promueven, como si promueven la Vía Catalana.

Y es que todo está escrito, y ya lo dijo Edmund Burke en el Siglo XVII: “El pueblo no renuncia nunca a sus libertades sino bajo el engaño de una ilusión”.

 

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