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La mayoría silenciosa

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Se conoce como mayoría silenciosa al conjunto de la población que no expresa su opinión en público. Puede ser por varios motivos, como falta de interés, miedo, desconocimiento o simplemente porque el grueso de la población no protesta activamente por algo a no ser que tenga una motivación clara.

El término ha sido usado con frecuencia en distintos episodios de la historia contemporánea, y con bastante impacto mediático. Lo utilizó Nixon en 1969, y en diferentes episodios en Portugal y España.

Con respecto al proceso soberanista catalán, el término se ha acuñado para referirse a lo que se considera como (1-x). Es decir, si 2 millones de catalanes se manifiestan activamente solicitando la independencia de España, quiere decir que 5,5 millones no se están manifestando, y por conclusión simple, no quieren la independencia.

Catalunya siempre ha sido tierra de acogida. Los flujos migratorios constantes desde el resto de España en el periodo franquista, o los flujos migratorios procedentes del extranjero ya entrado el Siglo XX. Con respecto a los primeros, y sus descendientes, siempre se ha dicho que componen gran parte de esa mayoría silenciosa. Sin motivaciones para salir a la calle, más allá de celebrar los triunfos de la selección, puede suceder, como ocurrió en el Brexit, que la reacción llegue tarde.

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Por mi parte, voy a dejar de ser mayoría silenciosa. Y voy a dar mi postura con respecto al asunto de Catalunya:

  • No me da garantías un referéndum así, pero no apoyo el concepto actual de España. No es blanco o negro. Hay una amplía escala de grises, a poco que se ponga algo de voluntad en negociar.
  • Apoyo un referendum negociado aunque preferiría un acuerdo y entendimiento. Ni España es el PPSOE ni Catalunya CiUCUP. Aprovechar el gobierno del PP para disociarse de España es ser muy oportunista.
  • No me gustan las políticas demagógicas y pase lo que pase la fractura social, económica y política va a ser grande. La política entendida de esta manera genera odio y división, y no suelen acabar bien.
  • Hay que respetar que más 2 millones de catalanes quieran la independencia y es por algo. Alguien debería hacer autocrítica y ver por qué. El nacionalismo no se entiende desde un punto de vista de la razón, esto es, es pasional. Y nacionalistas hay en los dos bandos. Buscar la confluencia de estas pasiones es el gran reto que aparece tras el 1-O.
  • Hay que respetar la legalidad. Las leyes son modificables pero creo que no se puede fomentar la anarquía por mucho que se quiera algo. Hay gente que se siente muy cómoda en ese terreno. Construir un Estado que nace de la rebeldía, sin ser un Estado oprimido, por mucho que se quiera hacer ver, no me parece la más sólida de las bases para un futuro mejor.
  • Pensar diferente que alguien no te convierte en fascista. No estar a favor de este referéndum no significa que quieras meter en la cárcel a todos los independentistas, ni reprimir su mensaje. Al contrario, este mensaje nace de un sentimiento muy profundo que ha de ser reconocido y aplaudido.
  • La Constitución se diseñó en una época convulsa y dota al Estado de herramientas de autodefensa. Eso ya se sabía al iniciar el Procés y creo que mucha gente aquí ya le va bien. Creo que el Gobierno se equivoca y no me representa. Tampoco me representa el Govern, que ha fomentado una idea entre la población generando una ilusión que puede ser muy difícil de gestionar pasado el 1-O.

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  • Hay que descentralizar el Estado. Nadie de Madrid debería extrañarse que desde Catalunya se reclame esto. No se debe bloquear el crecimiento de una región y hay que fomentar el crecimiento de otras sin perjuicio de lo primero. Catalunya podría ser motor de España si se le da libertad para crecer y se le dota de las infraestructuras necesarias.
  • He viajado mucho por España sin recibir muestras de odio. Y si las hay, es algo que se debe corregir. Me he sentido más incómodo en Catalunya que fuera. Pero es lo de menos. No hay rencores, solo puentes.
  • No me gustan los experimentos. Ningún estado civilizado se ha separado de un país avanzado de manera independiente sin costes. No se puede romper un contrato unilateralmente sin esperar consecuencias a nivel internacional.
  • No veo factible crear un país independiente, sin acuerdos comerciales con el extranjero, en una economía tan globalizada. Decir que un mercado de 7 millones de personas es atractivo para cualquier empresa es conocer muy poco de cómo funcionan los mercados ahí afuera.
  • Los modelos de crecimiento de países como Suiza o Andorra, que alguna vez se han puesto como ejemplo, no son aplicables a este caso. Y todos sabemos cómo crecen esos países, ¿no?
  • El país nacería sin moneda propia ni control sobre la política monetaria y fiscal, que aunque lo dudo, podría ser uno de los posibles atractivos para propensos al riesgo. No veo un plan sólido al respecto ni una solución ante un potencial bloqueo fronterizo por parte de España y Francia.
  • Por este mismo motivo, no se ha garantizado la autosuficiencia necesaria para un proceso de este tipo. España no deja de ser una potencia mundial, y más que podría serlo. Tiene socios y acuerdos con muchos países, y es la cuarta potencia en la UE. No quiero ver una Catalunya sin gas, petroleo o suministros básicos.
  • No voto en este referéndum porque no me lo creo. Y como yo, muchos. Por lo que la Declaración Unilateral de Independencia del día 2 de Octubre no me representa, ni a mí ni al resto de silenciosos de este país. Hagan las cosas bien, que no tienen 10 años. La clase política de España y Catalunya, de lo peor de Europa, es capaz de provocar un conflicto y la ruina de un país con enorme potencial.
  • Desde los medios de comunicación se ha sesgado la información en uno y otro sentido. ¿Sabes cuál es la Comunidad con mayor número de imputados por corrupción?

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Por todo esto y por mucho más, no me creo el 1-O. Debo reprochar al Govern catalán la sinrazon en las medidas tomadas, y al Gobierno español la respuesta dada que para nada tiene en cuenta la causa raíz del problema.

Ya veremos qué pasa el 2-O, y qué plan hay para sanar la fractura social originada tras la tensión constante aplicada en direcciones opuestas sobre un país que, precisamente, era lo que menos necesitaba para salir de la crisis. Hemos convertido oportunidad en debilidad, y fomentado las amenazas por encima de las fortalezas. Y lo vamos a pagar muchos años. Hoy puede ser el primer día de un futuro mejor, o el de un paso adelante en una lotería que, como todas, siempre tiene un resultado incierto.

Salut i Seny!

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