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Deflación. El fantasma que viene

Los indicadores económicos indican que nos acercamos a un periodo de deflación. Esto es, de bajada de precios. A priori puede parecer algo bueno, pero no hay que dejarse llevar por el simplismo. Deflación, en términos económicos, es sinónimo de crisis, y dura. Hay dudas sobre si calificar como estanflación o deflación el periodo en el que vamos a entrar, pero en cualquier caso, no es sinónimo de algo bueno.

No hay que olvidar que si bajan los precios, bajarán los salarios ya que es el precio del trabajo. Y si bajan los precios, aquellas empresas que produzcan productos de bajo valor podrían verse obligadas a dejar de producirlos.

La baja de los precios posterga en efecto el consumo de los ciudadanos (“¿Por qué comprar ahora una casa o un coche si serán más baratos dentro de seis meses?”) y se traduce en un descenso de los salarios, como comentaba, y, por tanto, una pérdida de poder adquisitivo.

A su vez, estos factores aceleran una contracción del consumo, lo que genera una nueva caída de los precios, en un círculo vicioso.
Entonces, las empresas –cuyos beneficios disminuyen o desaparecen– renuncian a invertir, alimentando también la infernal espiral

Está aceptado que la deflación es una de las “bestias negras” de los gobiernos, pues es un fenómeno difícil de combatir. Esto es así ya que tiene consecuencias catastróficas para las empresas o las familias endeudadas, ya que sus capacidades de devolución disminuyen mientras el importe de la deuda permanece intacto.

Y, por su parte, el sistema bancario, ante esos créditos irrecuperables, corre el riesgo de derrumbarse. Nuevamente.

Es famoso el ejemplo de Japón, que tras un gran periodo de deflación ahora empieza a ver la luz. Desde principios de los años 90, los precios han ido cayendo de manera más o menos sostenida. Y con ello, la calidad de vida y el tejido productivo del país nipón. La suerte para la zona euro es que tiene un espejo en el que mirarse para evitar esta circunstancia.

Ante este panorama, nada esperanzador, no queda más que esperar un cambio en las políticas económicas o monetarias que permita, así mismo, un cambio de rumbo. Todo está escrito. Todo.

Cuando en la próxima tertulia de cafetería o bar salga el tema de la deflación pensad que no es bueno que los precios bajen ya que el salario bajará. La deflación es el fantasma que viene, y hay que estar preparados.

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El nuevo reto de los recursos humanos ante la posible salida de la crisis.

Después de la tormenta llega la calma. Después de una tormenta de 6 años, ¿qué llega? No es posible saberlo, puesto que el impacto sobre la economía en general y sobre el mercado laboral en particular ha sido dramático. En la economía todo es nuevo. Como en el deporte, casos previos solo sirven de estadística puesto que el comportamiento humano cambia y con ello predecir comportamientos futuros es un mero ejercicio de adivinación.

La contracción económica ha supuesto, en unos casos, la pérdida del empleo y, en otros, el drástico recorte de beneficios y el endurecimiento, por tanto, de las condiciones laborales para quien conserva el puesto de trabajo o ha tenido la suerte de iniciar un nuevo empleo en este periodo.

La época de vacas gordas se esfumó. Los despilfarros en grandes comidas de empresa, coches, beneficios, conciliación laboral, pagos en especies, aumentos de sueldo se transformaron en recortes salariales, aumento de la jornada laboral, endurecimiento de los objetivos, en definitiva, la estancia en la empresa para muchos trabajadores no ha sido agradable. La presión del mercado sobre la cuenta de resultados tornó en presión sobre los directivos, que trasladaron a su vez a los mandos y empleados. Este aumento de la presión, en muchas ocasiones sin válvula de escape, ha podido dañar irremediablemente la relación empresa-empleado en muchos casos. Lo que en otras ocasiones hubiera acabado con la escisión del contrato por parte del empleado ha derivado, debido a la falta de alternativas en el mercado laboral, en un tragar y tragar por parte del trabajador que se ha visto sometido al endurecimiento de las condiciones y el trato recibido.

Es la disminución drástica de la oferta de empleo la que ha propiciado el aumento del valor del puesto de trabajo para el empleado ante la falta de oportunidades alternativas. En el sentido contrario, el empresario ha visto como todo un ejército de trabajadores de reserva depreciaba el valor del empleo hasta el punto que siempre hay alguien dispuesto a realizar tu trabajo por menos salario. Por tanto, ha podido ocurrir en general que no ha prestado la suficiente atención a las necesidades del empleado, que eran las mismas que antes de la crisis y serán las mismas durante y después de la misma.

Por otra parte, en cierto modo, este ajuste del mercado español ha permitido mejorar la competitividad de las empresas permitiendo una mayor expansión del mercado exterior y haciendo atractivo el escenario para los inversores extranjeros, que disponen de mano de obra barata dentro de la Unión Europea y con un nivel de formación y comunicaciones más que aceptable, en cualquier caso, dentro de la media.

Ahora que es posible, a tenor de las informaciones disponibles, visualizar la luz del túnel, es cuando a los empleadores se les empieza a remover la conciencia, al menos con respecto a aquellos empleados que, pese a estar dentro del saco, destacaban por encima de la media. La formación es una inversión que requiere un coste a corto plazo con la espera de que la mejora del Capital Humano redunde en un beneficio futuro para la compañía. La creación de nuevos puestos de trabajo puede suponer que trabajadores útiles para la compañía abandonen la misma en parte porque les igualen o mejoren las condiciones laborales, pero también en parte por el agravio comparativo sufrido durante este periodo dentro del saco. Si pones una manzana buena en un saco de podridas, se va a echar a perder. Es obvio.

Se puede aplicar la campana de Gauss a muchos aspectos o factores de la vida. En el ámbito laboral podríamos definir que un 15% de los empleados serían prescindibles para el empresario, un 15% generarían un valor añadido sobre el resto, y el 70% estarían en condiciones de normalidad. Por tanto, un 85% de los empleados tendrían continuidad dentro de la empresa y han sido formados para ello. En algunas empresas se ha realizado el ajuste del 15% de empleados prescindibles bajo la bandera de la crisis, por lo que podría darse el caso que el 100% de los empleados sean perfectamente válidos para desempeñar las funciones encomendadas.

El problema radica en ese 15% que genera valor añadido, y que quizás no ha sido tratado en consonancia a su aportación al conjunto de la compañía. O no ha percibido esa aportación, sintiéndose agraviado en algún caso. Recuperar esa confianza ahora que el mercado puede aportar alternativas, va a ser todo un reto para los recursos humanos en el corto y medio plazo.

Dicen que todo el mundo logra el salario que se merece a largo plazo. Si esto es así, hay tiempo para hacérselo saber al empleado mediante políticas conciliadoras donde el foco pase de iluminar el nombre de la compañía a iluminar a los que han hecho posible capear el temporal, haciéndoselo saber de manera proactiva antes de que el empleado tenga alternativas viables a continuar su carrera laboral en la competencia y en condiciones más favorables que las habidas en los últimos años ya  que son éstas las que prevalecen en la memoria reciente del colaborador.

Desde el punto de vista de la empresa, se deberían realizar toda una serie de actuaciones en el corto, medio y largo plazo para restablecer el lazo que se ha podido dañar en este tiempo. Ofrecer aumentos de sueldo por encima de la media, restituir la confianza y el sentimiento de importancia dentro de la compañía, a corto plazo; presentar planes viables de crecimiento para la compañía y el trabajador en el medio plazo y fomentar la sensación de pertenencia a la compañía haciendo del trabajador un estandarte de la misma, en el largo plazo, son los retos de los recursos humanos post-crisis.

No hay mal que 100 años dure. Haciendo un símil futbolístico, un equipo humano capaz de salvarte del descenso (quiebra) puede ser muy válido para llevarte a Europa (consolidar la posición actual y mejorar las perspectivas de futuro).

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El Lastre de la Administración Pública y el reto de la competitividad

Hubo unos años en que en España se crecía impulsado por el Sector Público. Motor de la economía, ejecutor de grandes obras infraestructurales, auspiciaba y daba trabajo a un gran número de profesionales en una época de viento a favor.

Cuando el viento cesó, cesó con él la actividad pública bajo el yugo de las normas europeas de contención de gasto público. En una situación de semi-rescate, el motor se apagó y con él el impulso económico. Múltiples empresas que directa e indirectamente rendían servicio al Gobierno debieron cerrar o readaptar sus objetivos a nuevos mercados, generalmente en el sector privado, en una situación muy alejada a lo que se podría denominar motor de una economía.

Pero cuando el padre muere, alguien debe tomar las riendas. Ese alguien es el sector privado que tras años de lucha intenta liderar a la Economía española ante los retos que se presentan.

 

El principal reto es reducir la sobredimensión de la Administración Pública. Como ya he comentado en alguna entrada, el actual sistema público impide el crecimiento de la economía ya que gran parte de los ingresos de la Administración van destinados a pagar una serie de sueldos de dudosa rentabilidad. Duplicidad de administraciones y cargos, cierta desconfianza en los métodos de evaluación del rendimiento de empleados públicos, etc. hacen que exista aún cierto recelo en las posibilidades de recuperación de nuestra economía.

Las medidas necesarias no se tomarán hasta, como mínimo, pasadas las próximas elecciones generales. El actual sistema, a 4 años vista, es lo que tiene. No facilita la adopción de ciertas medidas impopulares que llenan las calles de gente protestando por sus derechos.

En un entorno internacional competitivo al máximo, la economía española no puede andar con un lastre en los tobillos. Debe librarse de él cuanto antes mejor. Si bien crecer con un lastre puede ser positivo, especialmente cuando te libras de él. Corres más rápido y mejor.

El sector privado, según un estudio publicado hoy por Arcano, ha mejorado su competitividad aproximadamente un 8% en un periodo de tiempo en el que sus competidores la han aumentado entre un 5 y un 10%. Esta gran mejora de la competitividad en términos reales, por la vía de la reducción de salarios en muchos casos (nuevamente el sector privado y las familias asumen el peso de la recuperación), implica que podemos vender mejor y más barato mientras otros venden más caro.

Ello podría explicar que, por ejemplo, Bill Gates pase a ser el segundo principal accionista de FCC, o que la bolsa siga marcando máximos desde que frenó la caída.

El mencionado estudio revela un panorama futuro interesante a nivel de competitividad exterior. Es el fruto de la semilla que el sector privado ha plantado. Ese fruto da de comer también al sector público. Creo que éste debería ir pensando en ponerse a dieta, no sea que nos mate de hambre a todos.

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La economía sumergida. El eterno lastre.

Leo en 324.cat: “La economía sumergida supone en Catalunya el 22% del PIB”.

Realmente, no me sorprende. 1 de cada 5 euros que se mueven en Catalunya es en negro. Y me parece poco. No es que me parezca que tengan que ser más, es que me parece que es más.

Desde bares que no registran operaciones, fontaneros sin factura, amigos en el paro que te arreglan el coche, pintores que pintan todo en negro, como si no hubiera otro color, etc.

¿Cuál es el problema? Cultural. Hasta Educacional. En este país cuando un amigo te dice que ha estafado al seguro y ha sacado 3.000€ se le aplaude y admira. Cuando te dicen que en negro sale un 20% más barato, se acepta. A la que se puede estafar, robar, evadir, se hace. Y se aplaude. “¡Bien hecho!; ¡Yo haría lo mismo!; ¡Que les den!; Etc.

En otros países con otras culturas, ni mejores ni peores, pero diferentes culturas al fin y al cabo, este tipo de hechos se denuncia. Si el fontanero te propone una factura en negro, se denuncia. Si tu primo estafa al seguro, se denuncia.

Esto se debe fomentar educando desde la base. Primero, las familias. No realizar ciertas actitudes delante de los niños. Segundo, los colegios. Y tercero, la letra con sangre entra, endureciendo sanciones. También es una forma de educar.

También se podría fomentar la denuncia primando al denunciante. Si yo denuncio que el fontanero me hace la factura en negro y lo demuestro, que se me recompense. De esta manera, muchos se replantearían realizar este tipo de actuaciones al margen de la ley.

¿Por qué no hay que hacer la vista gorda? Porque lo que no paga este tipo de gente, lo pagamos el resto. Los ciudadanos que vivimos cumpliendo con la ley debemos afrontar nuestra parte y la del fontanero, pintor, restaurador, etc. Las compañías de seguros cargan en su prima la parte que calculan como provisión por fraudes. Los supermercados cargan en sus productos la provisión por robos. El Estado carga a los contribuyentes ese 22% de mercado sumergido. Si ese 22% aflorara, el resto pagaríamos menos. No es moco de pavo pagar una cuarta parte menos de impuestos, ¿verdad? Queremos que nos suban el sueldo y una forma es pagar menos. Aquí tenemos una solución para ello.

Porque ese 22% del PIB no cotiza como IVA, como IRPF, como módulos de Seguridad Social, etc. Si esa cantidad aflorara, repercutiría en un incremento de ingresos del Estado y las Autonomías, por lo que se reduciría la presión sobre los contribuyentes al mismo tiempo que se reduciría la deuda pública, el déficit público y se podría afrontar con garantías el pago de la deuda. Mejorarían los ratios de eficiencia pública, incrementando la confianza de inversores y bajando la prima de riesgo, reduciendo más aún la presión sobre el Estado. Inversión es sinónimo de creación de empleo. Si aumenta el empleo, hay más renta disponible por las familias, menos impagos a las entidades financieras, más demanda interna, más mercado para los productos nacionales. Menos stress.

¿Cómo se podría lograr esto? Una solución más efectiva que la formación en el corto plazo sería hacer que todos los pagos fueran electrónicos. Eliminar el dinero corriente, la moneda, el billete. Hace unos años sería considerado una utopía, pero hoy en día con los medios tecnológicos actuales lo veo viable. El no tener soporte papel puede ser un inconveniente para temas de divisas, turismo, etc. Otra opción es obligar a realizar todos los pagos superiores a 50€ o 100€ en soporte electrónico. Lo electrónico deja rastro, y hacienda lo tendría más fácil.

Otra opción es investigar más. Si me lo propongo, en 8 horas encuentro 30 tíos que operan en negro, 2 que estafan y 5 que roban. Con el dinero que recaude de las sanciones impuestas, pago mi sueldo como inspector. Más inspecciones y donde se han de hacer, en la calle no en los despachos.

Puestos a investigar, investiguemos como ese empresario que no declara beneficios tiene dos casas y un coche. Como invierte una empresa en bienes de equipo si tiene pérdidas sostenidas. Ese bar que siempre está lleno y factura 100€ al día. Ese autónomo que apenas registra ingresos pero mantiene a una familia. Etc. etc. etc. Creo que no cuesta tanto.

La pregunta que se podría hacer es por qué no se investiga en profundidad. ¿Hay algún interés en que haya economía sumergida? ¿Por qué no se hacen programas educativos al respecto? Programas como el aprobado por el Gobierno para aflorar dinero negro resultó a todas luces insuficiente. Había miedo a reconocer ciertas prácticas.

Siempre hay intereses detrás de toda política. Pero eso lo analizaré en otra entrada. Como dijo Alexis de Tocqueville, “Más que las ideas, a los hombres les separan los intereses”.

Ideas hay. Intereses más.

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La cuadratura del círculo. Economía para entenderla. La crisis.

Estos días se recoge en los medios de comunicación con mucho énfasis que la bolsa sube. Se recupera la confianza en el mercado español. Esto es fruto de un proceso lógico de los mercados, cuando se realizan determinadas actuaciones.

Haciendo un análisis tan simple que casi parece absurdo, la crisis provocó una gran desconfianza en los mercados españoles, provocando una fuga de capitales y desinversión que derivó en una caída del empleo provocando aumento del paro y un incremento en la prima de riesgo que hacía que el acceso a la financiación por parte de las AAPP se encareciera. Salía más caro afrontar el día a día para el Estado y, por si fuera poco, había que pagar más. El peor escenario estaba sobre la mesa.

Esta espiral destructiva se llevó por delante muchos puestos de trabajo, a muchas empresas y muchos privilegios laborables. El coste para la sociedad fue y es duro. Más horas trabajadas por igual o menor salario, todo en aras de la mejora de la competitividad. Eso quien tenía trabajo… El resto, a cobrar subsidios de desempleo y sus respectivas prórrogas. Porque de nuevo empleo, nada de nada.

Como decía, hubo una mejora de la competitividad ya que las empresas tenían que afrontar una caída de la demanda interna, por lo que había que competir, dentro y fuera, contra productos manufacturados en pa

íses con costes laborales más bajos. Y por desgracia, con similar calidad percibida por el consumidor final. En Italia, por ejemplo, o Alemania, más de la mitad de los coches que encuentras por la calle son del país. Aquí ocurre lo mismo. Más de la mitad de los coches son alemanes e italianos…

Además, la marca España no tenía el tirón comercial que otras, y en un país con un fuerte peso de los servicios, sin empresas a las que prestarlos, el escenario era poco menos que apocalíptico. Cierran empresas, aumenta el paro, aumenta la presión para las arcas públicas, aumenta el coste para poder mantenerlas operativas (véase los problemas de la administración Obama con el techo de deuda). El pez que se muerde la cola.

No pain no gain, que dijo el Dr. House. Después de años de sufrimiento, de falsos brotes verdes, de adelgazamiento de administraciones, de maquillajes contables, de persecución de fraudes, etc., los mercados parece que empiezan a confiar en España.

Esto es porque hay mucho paro. Mucha demanda de trabajo, y poca oferta. Luego baja el coste laboral ya que siempre hay gente dispuesta a hacer lo que haces por menos dinero.

Esto implica un aumento de la competitividad. Producimos lo mismo pero con un menor coste. Hay más factores que explican la mejora competitiva (tipo de cambio, obtención de materias primas, mejora en la eficiencia de los medios de transporte, etc.) pero es un análisis simple como comentaba al inicio.

Aumenta la competitividad, además, de empresas ya que o bien han superado una dura crisis (son empresas fuertes, según la Ley de la Selva, ya que se han comido a las débiles) o bien son empresas de nuevo cuño adaptadas a la situación actual, que no es otra que compensar la caída de la demanda interior acudiendo a los mercados extranjeros, vendiendo fuera. Exporto más para sobrevivir, ya que soy más competitivo y puedo. Y hay más mercado fuera que dentro, más expectativa de beneficio.

Por tanto mejora la balanza comercial. Ingreso más por exportaciones, y como la demanda interna sigue comprimida, importo menos. Tengo mejores números, por lo que empiezo a atraer inversores.

Como empiezo a vender fuera, necesito más materias primas, genero puestos de trabajo secundarios, vuelvo a tener gente con poder adquisitivo. Alimento discretamente el mercado interior. Accedo al crédito y potencio el mercado financiero.

Por tanto, el inversor extranjero vuelve a mirar a España, atraído por todo lo expuesto. El país ofrece costes salariales moderadamente bajos con capital humano moderadamente formado, pero formado, y dentro del mercado común europeo. Se desencadena un atisbo de rally alcista en los mercados de valores que sirve como reclamo para atraer nuevos inversores. El modelo español como modelo. Paradojas de la vida.

Por tanto, aumenta el PIB. Fin de la recesión. Se crece. E impulsado por el sector privado, como ha de ser. Pero ojo, puede ser el inicio de una burbuja si ese crecimiento no se realiza de manera sólida.

Si se aumentan los salarios más que los precios caerá la competitividad. Por tanto, será más difícil vender fuera, lo que se compensará, hasta que se ajuste el mercado, con un aumento de la demanda interna que aumentará las importaciones. Por tanto, caerá la balanza comercial. Las empresas que se hayan creado para nutrir los mercados interiores, sin proyección exterior, irán cayendo ante la falta de mercado, lo que hará aumentar el paro. Caerá la confianza de los inversores. Se retiraran capitales. Se cerrarán más empresas. Bajará el PIB.

Caminamos sobre un fino alambre, por lo que es fácil pisar en falso. Y somos muy dados a ello.

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España – Francia

Ayer España alcanzó las semifinales de la crisis contra Portugal, en la Euro’2012. Una brillante victoria que ánima a las tropas españolas en el desempleo, a la par que desvía un poco la atención de las decisiones políticas estratégicas para el futuro de esta nación. Y es que cuando acabe la Eurocopa, habrá que comer señores.

Os dejo una tabla con algunos datos significativos, y que cada uno analice lo que crea conveniente.

A POR ELLOS

ESPAÑA

FRANCIA

Edad de jubilación 67 60
Salario mínimo 784,3 1398,37
Tasa de paro 24,10% 10%
% de población bajo el umbral de la pobreza 19,80% 6,20%
PIB en millones de € 1.221.803 2.233.123
Premios Nobel 8 54

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