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La ética del IRPH

Son muchas las noticias sobre el IRPH en los medios en los últimos días. Varios medios (El Periódico, Cinco Días, ABC, El Mundo, etc.) han venido a contar lo que es el IRPH y cómo este índice de referencia de préstamos hipotecarios martillea mensualmente las economías familiares. No haré introducción, solo hay que poner IRPH en google y se amontona la información útil al respecto.

Voy a explicar mi particular punto de vista, desde dentro del escenario, porque soy una de esas 1,3 millones de familias que sufrimos la tortura de esta suerte de impuesto revolucionario que siguen cobrando los bancos.

Allá por el año 2005, en qué maldito momento, me decidí a la compra de un inmueble. Uno pequeñito, con una habitación, sin balcón. Como los pisos estaban por las nubes, tuve que conformarme con un bajo. Era a lo más que llegaba con mis recursos.

A la hora de negociar la hipoteca, 2 opciones. Euribor +1% o IRPH sin diferencial. El director de la sucursal, Don Pepito, “amigo” de toda la vida, apoyándose en esa confianza mutua nos introdujo el recelo sobre el Euribor, mucho más volátil y con un mayor riesgo para las maltrechas economías familiares. “Piensa que si sube, puede ser tu ruina”. En cambio, para el IRPH, todo eran alabanzas sobre su estabilidad. Iba a permitir organizarnos mejor. “Cuando el Euribor suba, subirá menos. Y cuando baje, bajará menos”, se oía como una especie de mantra por las sucursales bancarias de media España. Pues nada, entre atemorizados y confiados (“cómo nos va a engañar Don Pepito, si me ha visto crecer”) nos lanzamos a firmar con el IRPH, que nos iba a permitir organizarnos mejor nuestra economía. Todo ello corroborado por el Ilustrísimo señor Notario, que nos cobró a 1 € la fotocopia.

Nada más lejos de la realidad. Pasaban los meses, uno llevaba al siguiente, y un año al otro. Y cada mes de agosto llegaba la revisión. Cada vez pagaba más, y mis compañeros de trabajo, con su flamante Euribor, también, pero proporcionalmente menos. ¿Pero cuando subiera, no subiría menos? Ya verán ya, pensaba yo, si sigue subiendo.

Informándome sobre el tema acudo a la sucursal. Don Pepito ya no está. Lo prejubilaron. Quizás como premio a los servicios prestados. Doña Josefa nos dice que esto es lo que hay, que está firmado. Que tengamos paciencia que hay que valorar las cosas a largo plazo.

Bueno pues baja el Euribor. Y, ostras, es cierto, baja menos. Había una parte de la frase que era cierta. Posteriormente, sube. Y sube al mismo ritmo o más rápido que el Euribor. Esto empieza a oler a chamusquina, como los precios de los carburantes.

He de reconocer que de nuevo, la sucursal tenía razón. Hay que valorar las cosas a largo plazo. Y como muestra un botón, Doña Josefa:

IRPH2

Fuente: Cinco Días

Lo que yo veo, es que cuando sube, sube igual de rápido. Y cuando baja, baja igual de rápido, pero siempre con un techo superior. Lo que sí parece ir subiendo, hasta dispararse por encima de los 2% es el diferencial… Buen negocio, Don Pepito y Doña Josefa. Buen negocio.

¿Dónde está esa mayor estabilidad? ¿Cómo se puede justificar ese diferencial, que parece moverse siempre por encima del 1%? ¿Qué pasa a finales de 2008? ¿No se esperaba una curva casi plana? Preguntas que parecían sin respuesta.

Todas las visitas a la sucursal se resolvían por la vía legal. “Es lo que usted tiene firmado”. Para que explicar las cosas. Como vea algún día a algún responsable de entidad bancaria dando lecciones sobre atención al cliente, me levanto y me voy.

En el año 2013 desapareció el IRPH. Tan ilusionado como iluso, que se asemeja pero no es lo mismo, me encaminé hacia la sucursal para preguntarle a la Doña Josefa qué pasaba con mi hipoteca. Pero ya no estaba, la habían desplazado a no sé qué sucursal. ¡Qué lástima! Pensé para mis adentros. Le había cogido cariño. No había dejado ni una nota ni nada. Qué mujer más fría…

Doña Josefina me dijo que tanto mi índice de referencia primario, el IRPH, como el sustituto, CECA, habían desaparecido. Pero tenía que estar tranquilo. Según mi hipoteca (aunque nadie me lo había dicho con anterioridad, ni el Ilustrísimo, qué iba a saber él que esto pasaría), se aplicaba el último tipo de interés que se podía calcular, esto es, mayo de 2013. Un 3,87%. Qué gran suerte. Ni tan siquiera diciembre de 2013, que era el último que se pudo calcular. El último oficial. No, mayo que es cuando me tocaba. Que gente más legal, así da gusto.

Hay una cosa cierta, por fin iba a tener estabilidad. Mi cuota, por las nubes, se iba a mantener para siempre. Esto, que de por si no es malo en un entorno inflacionista estable, donde los incrementos del valor del dinero harían que esa cuota fija fuese perdiendo valor con los años, se puede tornar en horroroso en un escenario deflacionista. Pero no, según Josefina, es genial para mí. Tanto que vengo pagando casi 300 euros más cada mes durante 2 años, casi 7.000 euros. ¿Será genial algún día? Josefina está segura que sí. De mientras, clín clín.

Le solicito a Josefina algún papel que lo explique y me dice que no, que es genial para mí. No me puede dar nada ¿Será éste el nuevo mantra? Eso parece, que guay.

Pero habita tras mi oreja una mosca desde hace años. Y cuando zumba, me parece entender que me están engañando. La principal diferencia entre 2015 y 2005 es el acceso a la información. Pese a leyes mordaza y similares, hoy en día es posible saber muchas cosas gracias a mucha gente que cuenta cosas muy interesantes. Solo había que poner IRPH en google, y se amontonaba la información. Plataformas, PAH’s, Asociaciones, algún abogado ávido de clientela… Imposible no verlo.

Así que inicié mi proceso de reclamación. Primero, visita al Banco. Ya no estaba Don Pepito, Doña Josefa, ni Josefina. Ni la oficina. La han cambiado de calle. Recorte de costes, éstos nunca pierden, me dije. Si con 4 hipotecas pagan el alquiler…

Puse una reclamación y me fui a consumo. Exijo, apoyado en lo que considero un abuso por parte de los Bancos y Cajas, que se me devuelva lo que he pagado de más. Y lo hago desde un punto de vista ético. Ahora sé mucho más que antes. Ahora sé que el propio Banco de España ha reconocido, en un gesto muy honrado, esto es, a través de un requerimiento judicial, que existían irregularidades en el cálculo del Índice. ¿No deberíamos iniciar acciones contra el Banco de España por permitir esto? Eso haría una sociedad de derecho fuerte, si las reglas del juego fueran justas. Al final, hay lo que hay y tenemos lo que nos merecemos.

Si Don Pepito y el Ilustrísimo me hubieran dicho cuando firmé mi primera, y me temo que última hipoteca que en el cálculo el indicador se calculaba con los datos que enviaban las propias entidades, sin aparente verificación por parte del organismo regulador, igual me lo habría pensado teniendo en cuenta los antecedentes de las entidades y su dudoso historial de transparencia. Si me hubieran dicho que no era una media real ponderada de todas las hipotecas, sino que cada entidad tenía el mismo peso sobre el diferencial concediera una o 20.000 hipotecas al mes, igual habría replanteado la firma de la misma. SI me hubieran explicado que una Caja podría elevar al alza el tipo de manera unilateral, como parece suceder en 2008, igual habría pedido explicaciones. Si me hubieran dicho que en el cálculo del indicador se incluían algunos (sino todos) de los costes asociados a las hipotecas, (esto es, el TAE de toda la vida) que de por si tienen diferente riesgo asociado, me hubiera puesto de pie y me hubiera ido. Si todos los contratantes tenían seguro de vida, el IRPH baja. ¿Pero esto qué es?

Pero no me lo dijeron. Ante esta evidente asimetría de información, y ya sin entrar en si se ponían de acuerdo o no para elevar el diferencial con respecto al Euribor, porque sólo hay que ver el gráfico, exijo desde aquí, actualmente desde una asociación de consumidores y seguramente desde un juzgado en un futuro próximo:

  • Aplicación del tipo de interés Euribor en la hipoteca. Con este ya ganan dinero, no me dan ninguna lástima.
  • Devolución del dinero pagado de más con respecto al tipo de interés Euribor a lo largo del ciclo de vida de la hipoteca.
  • Daños y perjuicios, en forma de coste de oportunidad de no disponer del dinero este tiempo. Esto es, aplicar el tipo de interés legal sobre la parte retenida de más.

Y doy gracias a que he ido pagando la hipoteca, lógicamente quitándome de otras cosas. A muchas familias el coste de oportunidad del IRPH ha sido un desahucio, una refinanciación y algo mucho peor, lo que ello conlleva, un calvario. El dinero se reintegra, incluso un piso, pero el sufrimiento, ese, no es retornable.

Afortunadamente, las cosas parecen estar cambiando socialmente, y algún Parlamento como el de Catalunya ha empezado a mediar en el asunto, si bien no estoy totalmente de acuerdo con algunos puntos, si es una postura oficial al respecto.

Por último, comentar que nadie responderá ante esto. Todos se irán de rositas. Don Pepito, Doña Josefa, los consejos de administración, los responsables del Banco de España, los Ministros de Economía… Lo que estamos pidiendo muchas personas es que se aplique la justicia ética, derivada de un abuso. Ya no pedimos pagar más o menos que nadie, estamos hablando de pagar lo mismo que otros. Que nadie olvide que con el Euribor, los que nunca pierden ya ganan… A mí en unos días me toca pagar 300 euros más de lo que debiera. Si hay inflación, será mi problema. Entonces ya hablaremos del tipo de interés real y otros conceptos de los que, al final, me han hecho ser experto.

Como muestra, un botón. Como se va a quedar fijo para muchos, pues lo hago subir al máximo. Porque no tiene sentido que suba si baja el precio del dinero, y por tanto, el Euribor:

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Deflación. El fantasma que viene

Los indicadores económicos indican que nos acercamos a un periodo de deflación. Esto es, de bajada de precios. A priori puede parecer algo bueno, pero no hay que dejarse llevar por el simplismo. Deflación, en términos económicos, es sinónimo de crisis, y dura. Hay dudas sobre si calificar como estanflación o deflación el periodo en el que vamos a entrar, pero en cualquier caso, no es sinónimo de algo bueno.

No hay que olvidar que si bajan los precios, bajarán los salarios ya que es el precio del trabajo. Y si bajan los precios, aquellas empresas que produzcan productos de bajo valor podrían verse obligadas a dejar de producirlos.

La baja de los precios posterga en efecto el consumo de los ciudadanos (“¿Por qué comprar ahora una casa o un coche si serán más baratos dentro de seis meses?”) y se traduce en un descenso de los salarios, como comentaba, y, por tanto, una pérdida de poder adquisitivo.

A su vez, estos factores aceleran una contracción del consumo, lo que genera una nueva caída de los precios, en un círculo vicioso.
Entonces, las empresas –cuyos beneficios disminuyen o desaparecen– renuncian a invertir, alimentando también la infernal espiral

Está aceptado que la deflación es una de las “bestias negras” de los gobiernos, pues es un fenómeno difícil de combatir. Esto es así ya que tiene consecuencias catastróficas para las empresas o las familias endeudadas, ya que sus capacidades de devolución disminuyen mientras el importe de la deuda permanece intacto.

Y, por su parte, el sistema bancario, ante esos créditos irrecuperables, corre el riesgo de derrumbarse. Nuevamente.

Es famoso el ejemplo de Japón, que tras un gran periodo de deflación ahora empieza a ver la luz. Desde principios de los años 90, los precios han ido cayendo de manera más o menos sostenida. Y con ello, la calidad de vida y el tejido productivo del país nipón. La suerte para la zona euro es que tiene un espejo en el que mirarse para evitar esta circunstancia.

Ante este panorama, nada esperanzador, no queda más que esperar un cambio en las políticas económicas o monetarias que permita, así mismo, un cambio de rumbo. Todo está escrito. Todo.

Cuando en la próxima tertulia de cafetería o bar salga el tema de la deflación pensad que no es bueno que los precios bajen ya que el salario bajará. La deflación es el fantasma que viene, y hay que estar preparados.

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La Plaça Laffer

En economía se dice que el dinero es miedoso. Esto es, el propietario del capital tiende a protegerlo y evitar una exposición excesiva al riesgo. Un inversor, ante dos alternativas con similar esperanza de ganancia, invertirá siempre en aquella en la que menor riesgo perciba. Creo que la mayoría de nosotros obrariamos de igual manera en estas circunstancias.

En un entorno económico global, ofrecer al inversor una alternativa con buenas comunicaciones, estabilidad, seguridad y bajo riesgo es una gran manera de atraer capital. Con el capital, se incrementa la demanda de materia prima, por lo que se crean puestos de empleo directos e indirectos. Con esta creación de riqueza, no solo baja el paro con lo cual la presión para el Estado es menor, sino que se recauda más por la vía de las rentas del trabajo y del aumento del consumo (IVA). Por tanto, para entrar en esta espiral positiva es necesario ofrecer estabilidad a los inversores. Y máxime tras un periodo de 5 años de poca movilidad de capital, esto es, quizás puede ser ahora cuando se empiece a mover el dinero con cierto ritmo.

Tras esta introducción, me gustaría comentar que el proceso soberanista catalán, tan respetable por otra parte, esta añadiendo una dosis de riesgo elevada o cuanto menos incertidumbre con respecto a otras alternativas dentro de la UE. Y esta generación de incertidumbre puede provocar por una parte, una fuga de capitales y por otra, que los inversores se decanten por opciones más seguras. El miedo o riesgo a la salida de la UE, en el caso de un éxito en el proceso soberanista, puede ser un lastre muy gordo para una economía maltrecha. Si es verdad que el tren acelera y el proceso tira para adelante, quizás lo perdamos por muchos años.

El hecho de abandonar la Unión Europea sin ningún tipo de acuerdo provoca un escenario nada propicio para el inversor. La posibilidad de la existencia de aranceles, el posible encarecimiento o escasez de materias primas, la fuga de capital humano, las posibles subidas de impuestos derivadas de los descensos en los ingresos… Hay que ser realista, ¿quién apostaría un euro a este caballo?

He visto alguna comparación entre Catalunya y Suiza. Pues bien, según he investigado, poco o nada que ver. Suiza tiene 10 acuerdos marcos con la UE que la colocan en una posición privilegiada económica y geográficamente. Incluso Marruecos partiría en una posición de ventaja, con acuerdos bilaterales con la UE.

Por poner un ejemplo, la factoría de SEAT en Martorell exporta fuera de España un 70% de la producción. Es la principal empresa exportadora en Catalunya. Si el 30% de la producción nacional se divide a partes iguales entre las comunidades autónomas, quiere decir que en el hipotético caso de una Catalunya independiente, exportaría fuera de la misma un 95% de su producción. Y fuera de la UE (con la presencia de aranceles) ¿cuánto tiempo mantendría el grupo Volkswagen la inversión?

Ante un posible escenario de fuga de capitales, para mantener el sistema del bienestar solo queda una opción, subir los impuestos. La carga impositiva sobre el contribuyente se debería aumentar, provocando una espiral contraria a la descrita en el primer párrafo.Aquí es cuando aparece el amigo Laffer, que a principios de los 80 formuló su famosa curva. Básicamente, La curva de Laffer muestra que el incremento de los tipos impositivos no siempre conlleva un aumento de la recaudación fiscal. La característica más importante de esta curva reside en que indica que cuando el tipo impositivo es suficiente alto (t* en la gráfica adjunta), si se sube aún más, los ingresos recaudados pueden terminar disminuyendo. La disminución de la oferta del bien reduce hasta tal punto los ingresos fiscales que la subida del tipo impositivo no compensa la disminución de la oferta.

Hay que ser muy cautos antes de realizar ciertas acciones, y el sector independentista catalán, seguramente movido con una gran intención, la mejor de ellas, el corazón, puede acabar provocando un desastre económico para Catalunya, España y quizás Europa. Personalmente creo que es mejor iniciar este tipo de procesos en fases de estabilidad (quizás haberlo iniciado de aquí a 3 años hubiera sido óptimo) pero el afán de protagonismo de unos, el odio de otros y la incultura económica de todos puede provocar algo de lo que no me gustaría formar parte.

Es solo una predicción en base a algún comentario que he visto y leído por internet, ya que me gusta formarme e informarme. Si alguien me lo quiere rebatir, encantado. Ya habrán convencido a un escéptico. Lástima que no sea inversor.

Esperemos que Plaça Espanya no acabe denominándose Plaça Laffer. Después de todo, el nombre tiene fuerza.

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El nuevo reto de los recursos humanos ante la posible salida de la crisis.

Después de la tormenta llega la calma. Después de una tormenta de 6 años, ¿qué llega? No es posible saberlo, puesto que el impacto sobre la economía en general y sobre el mercado laboral en particular ha sido dramático. En la economía todo es nuevo. Como en el deporte, casos previos solo sirven de estadística puesto que el comportamiento humano cambia y con ello predecir comportamientos futuros es un mero ejercicio de adivinación.

La contracción económica ha supuesto, en unos casos, la pérdida del empleo y, en otros, el drástico recorte de beneficios y el endurecimiento, por tanto, de las condiciones laborales para quien conserva el puesto de trabajo o ha tenido la suerte de iniciar un nuevo empleo en este periodo.

La época de vacas gordas se esfumó. Los despilfarros en grandes comidas de empresa, coches, beneficios, conciliación laboral, pagos en especies, aumentos de sueldo se transformaron en recortes salariales, aumento de la jornada laboral, endurecimiento de los objetivos, en definitiva, la estancia en la empresa para muchos trabajadores no ha sido agradable. La presión del mercado sobre la cuenta de resultados tornó en presión sobre los directivos, que trasladaron a su vez a los mandos y empleados. Este aumento de la presión, en muchas ocasiones sin válvula de escape, ha podido dañar irremediablemente la relación empresa-empleado en muchos casos. Lo que en otras ocasiones hubiera acabado con la escisión del contrato por parte del empleado ha derivado, debido a la falta de alternativas en el mercado laboral, en un tragar y tragar por parte del trabajador que se ha visto sometido al endurecimiento de las condiciones y el trato recibido.

Es la disminución drástica de la oferta de empleo la que ha propiciado el aumento del valor del puesto de trabajo para el empleado ante la falta de oportunidades alternativas. En el sentido contrario, el empresario ha visto como todo un ejército de trabajadores de reserva depreciaba el valor del empleo hasta el punto que siempre hay alguien dispuesto a realizar tu trabajo por menos salario. Por tanto, ha podido ocurrir en general que no ha prestado la suficiente atención a las necesidades del empleado, que eran las mismas que antes de la crisis y serán las mismas durante y después de la misma.

Por otra parte, en cierto modo, este ajuste del mercado español ha permitido mejorar la competitividad de las empresas permitiendo una mayor expansión del mercado exterior y haciendo atractivo el escenario para los inversores extranjeros, que disponen de mano de obra barata dentro de la Unión Europea y con un nivel de formación y comunicaciones más que aceptable, en cualquier caso, dentro de la media.

Ahora que es posible, a tenor de las informaciones disponibles, visualizar la luz del túnel, es cuando a los empleadores se les empieza a remover la conciencia, al menos con respecto a aquellos empleados que, pese a estar dentro del saco, destacaban por encima de la media. La formación es una inversión que requiere un coste a corto plazo con la espera de que la mejora del Capital Humano redunde en un beneficio futuro para la compañía. La creación de nuevos puestos de trabajo puede suponer que trabajadores útiles para la compañía abandonen la misma en parte porque les igualen o mejoren las condiciones laborales, pero también en parte por el agravio comparativo sufrido durante este periodo dentro del saco. Si pones una manzana buena en un saco de podridas, se va a echar a perder. Es obvio.

Se puede aplicar la campana de Gauss a muchos aspectos o factores de la vida. En el ámbito laboral podríamos definir que un 15% de los empleados serían prescindibles para el empresario, un 15% generarían un valor añadido sobre el resto, y el 70% estarían en condiciones de normalidad. Por tanto, un 85% de los empleados tendrían continuidad dentro de la empresa y han sido formados para ello. En algunas empresas se ha realizado el ajuste del 15% de empleados prescindibles bajo la bandera de la crisis, por lo que podría darse el caso que el 100% de los empleados sean perfectamente válidos para desempeñar las funciones encomendadas.

El problema radica en ese 15% que genera valor añadido, y que quizás no ha sido tratado en consonancia a su aportación al conjunto de la compañía. O no ha percibido esa aportación, sintiéndose agraviado en algún caso. Recuperar esa confianza ahora que el mercado puede aportar alternativas, va a ser todo un reto para los recursos humanos en el corto y medio plazo.

Dicen que todo el mundo logra el salario que se merece a largo plazo. Si esto es así, hay tiempo para hacérselo saber al empleado mediante políticas conciliadoras donde el foco pase de iluminar el nombre de la compañía a iluminar a los que han hecho posible capear el temporal, haciéndoselo saber de manera proactiva antes de que el empleado tenga alternativas viables a continuar su carrera laboral en la competencia y en condiciones más favorables que las habidas en los últimos años ya  que son éstas las que prevalecen en la memoria reciente del colaborador.

Desde el punto de vista de la empresa, se deberían realizar toda una serie de actuaciones en el corto, medio y largo plazo para restablecer el lazo que se ha podido dañar en este tiempo. Ofrecer aumentos de sueldo por encima de la media, restituir la confianza y el sentimiento de importancia dentro de la compañía, a corto plazo; presentar planes viables de crecimiento para la compañía y el trabajador en el medio plazo y fomentar la sensación de pertenencia a la compañía haciendo del trabajador un estandarte de la misma, en el largo plazo, son los retos de los recursos humanos post-crisis.

No hay mal que 100 años dure. Haciendo un símil futbolístico, un equipo humano capaz de salvarte del descenso (quiebra) puede ser muy válido para llevarte a Europa (consolidar la posición actual y mejorar las perspectivas de futuro).

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El Lastre de la Administración Pública y el reto de la competitividad

Hubo unos años en que en España se crecía impulsado por el Sector Público. Motor de la economía, ejecutor de grandes obras infraestructurales, auspiciaba y daba trabajo a un gran número de profesionales en una época de viento a favor.

Cuando el viento cesó, cesó con él la actividad pública bajo el yugo de las normas europeas de contención de gasto público. En una situación de semi-rescate, el motor se apagó y con él el impulso económico. Múltiples empresas que directa e indirectamente rendían servicio al Gobierno debieron cerrar o readaptar sus objetivos a nuevos mercados, generalmente en el sector privado, en una situación muy alejada a lo que se podría denominar motor de una economía.

Pero cuando el padre muere, alguien debe tomar las riendas. Ese alguien es el sector privado que tras años de lucha intenta liderar a la Economía española ante los retos que se presentan.

 

El principal reto es reducir la sobredimensión de la Administración Pública. Como ya he comentado en alguna entrada, el actual sistema público impide el crecimiento de la economía ya que gran parte de los ingresos de la Administración van destinados a pagar una serie de sueldos de dudosa rentabilidad. Duplicidad de administraciones y cargos, cierta desconfianza en los métodos de evaluación del rendimiento de empleados públicos, etc. hacen que exista aún cierto recelo en las posibilidades de recuperación de nuestra economía.

Las medidas necesarias no se tomarán hasta, como mínimo, pasadas las próximas elecciones generales. El actual sistema, a 4 años vista, es lo que tiene. No facilita la adopción de ciertas medidas impopulares que llenan las calles de gente protestando por sus derechos.

En un entorno internacional competitivo al máximo, la economía española no puede andar con un lastre en los tobillos. Debe librarse de él cuanto antes mejor. Si bien crecer con un lastre puede ser positivo, especialmente cuando te libras de él. Corres más rápido y mejor.

El sector privado, según un estudio publicado hoy por Arcano, ha mejorado su competitividad aproximadamente un 8% en un periodo de tiempo en el que sus competidores la han aumentado entre un 5 y un 10%. Esta gran mejora de la competitividad en términos reales, por la vía de la reducción de salarios en muchos casos (nuevamente el sector privado y las familias asumen el peso de la recuperación), implica que podemos vender mejor y más barato mientras otros venden más caro.

Ello podría explicar que, por ejemplo, Bill Gates pase a ser el segundo principal accionista de FCC, o que la bolsa siga marcando máximos desde que frenó la caída.

El mencionado estudio revela un panorama futuro interesante a nivel de competitividad exterior. Es el fruto de la semilla que el sector privado ha plantado. Ese fruto da de comer también al sector público. Creo que éste debería ir pensando en ponerse a dieta, no sea que nos mate de hambre a todos.

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Henry Ford. Un genio vigente.

Henry Ford siempre me ha parecido un genio y visionario. En una época en la que los coches eran exclusivos de las clases altas, de la casta, se decidió a crear un coche que pudieran comprar sus empleados:

“Quiero producir coches que mis trabajadores puedan comprar”.

Detrás de esto se esconde el hecho de que había un gran nicho de mercado por cubrir. Pero para que esa parte de la población pudiera comprar sus coches, tenía que tener dinero. Trabajo. Había que dotar a la base poblacional, poco menos que recién salida del esclavismo y la revolución industrial, de un sueldo para que pudiera comprar sus coches.

¿Qué pasa cuando no hay trabajo, no hay sueldo? Pues que no podré vender los coches. En los últimos años hemos podido observar como la economía moderna capitalista poco menos que colapsaba. Los mercados, los mismos desde que el capitalismo es capitalismo, maduraban y colapsaban. La economía, lejos de buscar una sostenibilidad, exprimía los medios naturales hasta agotarlos. La energía, el petroleo, el ozono, el agua. Todo valía.

Pero había un problema. En un mercado colapsado, había que crear nuevos mercados. Para Europa, América del Norte, Japón y Oceanía el modelo estaba agotado. Incorporar nuevos mercados en la ruleta abría nuevas opciones de juego. Por tanto, se debía potenciar la creación de nuevos mercados, pero siempre bajo el yugo capitalista. Las principales opciones, los mercados comunistas (China, Rusia), América Central y del Sud y Asia. El tema africano es más complejo, pero todo llegará.

Si hay que acabar con el comunismo, se acaba (U.R.S.S.). Si no se puede acabar con él, se capitaliza (China). La jugada China es un claro ejemplo del Fordismo. Aprovechando la excusa de la deslocalización, de la búsqueda del beneficio, la religión del Bottom Line, del “vale tudo” económico, las empresas occidentales externalizaron aquellos procesos no “core” o centrales a aquellas regiones que proporcionaban mano de obra barata. Se les da un salario poco  justo y se obtiene un producto de baja calidad pero a un precio competitivo. Producto de temporada.

De esta manera, se dota a estas regiones de la capacidad de crear un tejido productivo mediante una inversión relativamente baja. Un tejido productivo, pero, no intensivamente tecnológico. Esto es, sigo teniendo el control del capital y mantengo una ventaja competitiva sobre estos países (tigres asiáticos, China, Rusia, Brasil, etc.)

Esta capacidad de estos países de producir a bajo coste, aún a perjucio de la calidad, ha supuesto en el mundo occidental la pérdida de numerosos puestos de trabajo. La crisis de los últimos años y la tasa de paro de algún país occidental no muy lejano a nosotros así lo atestiguan. Los países que más han sufrido este tema son los que tenían estructuras productivas poco intensivas tecnológicamente, ya que no han podido competir en precios contra estos mercados emergentes.

La jugada maestra, el presente y futuro, está en lo comentado por Henry Ford. Esta revolución industrial acelerada en estos mercados emergentes ha provocado, y cada vez más provocará, un estrato poblacional con capacidad adquisitiva para los productos occidentales, hasta cierto punto más intensivos en tecnología. Bmw, Siemens, Apple, Microsoft, etc. podrán empezar a recoger lo que han sembrado. Con esta jugada, esas inversiones deslocalizadas, han creado mercados con un potencial enorme. Pocas son las empresas grandes que no incluyan Asia, por ejemplo, dentro de sus principales mercados a corto y medio plazo.

La clave para occidente es aprovechar estos mercados y mantener la ventaja competitiva sobre ellos. Esto proporcionará oportunidades de negocio que crearán puestos de trabajo, de tal manera que las tasas de paro actuales simplemente serán un peaje para llegar al destino final, excelentemente planeado por las clases dirigentes.

Eso si, el que no haga bien la faena y se adapte a este entorno cambiante, perderá el tren y se quedará en una estación sin retorno. No podrá competir en costes con los mercados emergentes ni podrá repartirse el pastel que se está cocinando. En este juego de las sillas no hay plazas para todos.

El modelo económico creo que aún no está agotado. De todas formas, hagamos caso a Henry Ford. Un reparto más equitativo de la riqueza ocasionaría un mercado más potente ya que habría más gente con acceso a los bienes que se producen. La avaricia de algunos puede hacer que acumulen tanta riqueza que no tengan a quién vender sus productos. Esperemos que la economía se racionalice, porque de nada servirá ser muy rico si no podrás disfrutar de ello. A más gente con poder adquisitivo, más oportunidades de venta de productos y menos descontento general. Al final de todo, es lo que quiere la casta dirigente, seguir dirigiendo. Pues que se apliquen el modelo Ford también internamente. Quizás detrás de la entrada de capital en España haya algo de esto. Un 30% de la población sin trabajo, pensando, es peligroso.

Señor Ford, que razón tenía. “El verdadero progreso es el que pone la tecnología al alcance de todos”

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La economía sumergida. El eterno lastre.

Leo en 324.cat: “La economía sumergida supone en Catalunya el 22% del PIB”.

Realmente, no me sorprende. 1 de cada 5 euros que se mueven en Catalunya es en negro. Y me parece poco. No es que me parezca que tengan que ser más, es que me parece que es más.

Desde bares que no registran operaciones, fontaneros sin factura, amigos en el paro que te arreglan el coche, pintores que pintan todo en negro, como si no hubiera otro color, etc.

¿Cuál es el problema? Cultural. Hasta Educacional. En este país cuando un amigo te dice que ha estafado al seguro y ha sacado 3.000€ se le aplaude y admira. Cuando te dicen que en negro sale un 20% más barato, se acepta. A la que se puede estafar, robar, evadir, se hace. Y se aplaude. “¡Bien hecho!; ¡Yo haría lo mismo!; ¡Que les den!; Etc.

En otros países con otras culturas, ni mejores ni peores, pero diferentes culturas al fin y al cabo, este tipo de hechos se denuncia. Si el fontanero te propone una factura en negro, se denuncia. Si tu primo estafa al seguro, se denuncia.

Esto se debe fomentar educando desde la base. Primero, las familias. No realizar ciertas actitudes delante de los niños. Segundo, los colegios. Y tercero, la letra con sangre entra, endureciendo sanciones. También es una forma de educar.

También se podría fomentar la denuncia primando al denunciante. Si yo denuncio que el fontanero me hace la factura en negro y lo demuestro, que se me recompense. De esta manera, muchos se replantearían realizar este tipo de actuaciones al margen de la ley.

¿Por qué no hay que hacer la vista gorda? Porque lo que no paga este tipo de gente, lo pagamos el resto. Los ciudadanos que vivimos cumpliendo con la ley debemos afrontar nuestra parte y la del fontanero, pintor, restaurador, etc. Las compañías de seguros cargan en su prima la parte que calculan como provisión por fraudes. Los supermercados cargan en sus productos la provisión por robos. El Estado carga a los contribuyentes ese 22% de mercado sumergido. Si ese 22% aflorara, el resto pagaríamos menos. No es moco de pavo pagar una cuarta parte menos de impuestos, ¿verdad? Queremos que nos suban el sueldo y una forma es pagar menos. Aquí tenemos una solución para ello.

Porque ese 22% del PIB no cotiza como IVA, como IRPF, como módulos de Seguridad Social, etc. Si esa cantidad aflorara, repercutiría en un incremento de ingresos del Estado y las Autonomías, por lo que se reduciría la presión sobre los contribuyentes al mismo tiempo que se reduciría la deuda pública, el déficit público y se podría afrontar con garantías el pago de la deuda. Mejorarían los ratios de eficiencia pública, incrementando la confianza de inversores y bajando la prima de riesgo, reduciendo más aún la presión sobre el Estado. Inversión es sinónimo de creación de empleo. Si aumenta el empleo, hay más renta disponible por las familias, menos impagos a las entidades financieras, más demanda interna, más mercado para los productos nacionales. Menos stress.

¿Cómo se podría lograr esto? Una solución más efectiva que la formación en el corto plazo sería hacer que todos los pagos fueran electrónicos. Eliminar el dinero corriente, la moneda, el billete. Hace unos años sería considerado una utopía, pero hoy en día con los medios tecnológicos actuales lo veo viable. El no tener soporte papel puede ser un inconveniente para temas de divisas, turismo, etc. Otra opción es obligar a realizar todos los pagos superiores a 50€ o 100€ en soporte electrónico. Lo electrónico deja rastro, y hacienda lo tendría más fácil.

Otra opción es investigar más. Si me lo propongo, en 8 horas encuentro 30 tíos que operan en negro, 2 que estafan y 5 que roban. Con el dinero que recaude de las sanciones impuestas, pago mi sueldo como inspector. Más inspecciones y donde se han de hacer, en la calle no en los despachos.

Puestos a investigar, investiguemos como ese empresario que no declara beneficios tiene dos casas y un coche. Como invierte una empresa en bienes de equipo si tiene pérdidas sostenidas. Ese bar que siempre está lleno y factura 100€ al día. Ese autónomo que apenas registra ingresos pero mantiene a una familia. Etc. etc. etc. Creo que no cuesta tanto.

La pregunta que se podría hacer es por qué no se investiga en profundidad. ¿Hay algún interés en que haya economía sumergida? ¿Por qué no se hacen programas educativos al respecto? Programas como el aprobado por el Gobierno para aflorar dinero negro resultó a todas luces insuficiente. Había miedo a reconocer ciertas prácticas.

Siempre hay intereses detrás de toda política. Pero eso lo analizaré en otra entrada. Como dijo Alexis de Tocqueville, “Más que las ideas, a los hombres les separan los intereses”.

Ideas hay. Intereses más.

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